Luis Guillermo Vallejo, un artista con alma de chamán

Por: Roberto Restrepo Ramírez

Observando las obras pictóricas y escultóricas contemporáneas del artista Luis Guillermo Vallejo Vargas —Manizales, 1954—, la primera impresión es la de estar frente a la estética en movimiento, en emoción y en historia. En movimiento, porque sus esculturas de personajes están rebosantes de gestos humanos y de mucha connotación social. En emoción, porque no se puede abstraer uno a la figuración de los rostros de sus murales, que denotan algo de nostalgia, pero también de vigor, como si fuesen retratos de la sensibilidad. En historia, porque lienzos, paisajes y colores de naturaleza, así como las figuras agrestes de sus esculturas, nos están recordando los pasajes y sucesos de hace dos siglos en el territorio, o la transformación y cambio en sus arquitecturas, y hasta en su biodiversidad. 

Inspiración en el goce de experiencias de la vida

El recorrido de Vallejo es bien singular, muy acorde a su acople a las circunstancias de conocimiento y de comprensión del entorno que le rodeó. Se formó inicialmente en arquitectura en una clásica universidad de Colombia, luego Europa y Estados Unidos lo reforzaron desde sus escuelas prestigiosas de arte, pero retornó al país, a su añeja Manizales, donde se quedó. 

Entendió que la fuerza telúrica es más fuerte que el influjo global, aunque muchas exposiciones fuera del país le permitieron dejar en esos lares la marca de un artista que siempre buscó su inspiración en el goce de experiencias de vida. Cuando estuvo de nuevo en su ciudad, la fuerza del mural pudo, con su rescate de identidad, mostrarle a los manizaleños la importancia de los ancestros que construyeron estos pueblos. Esa inspiración en el tesón de arrieros y montañeros fundadores, le llevó a realizar una de sus esculturas destacadas en el alto de Chipre, el Monumento a los Colonizadores.

Vallejo llevó también su talante creativo a otros espacios, a otras regiones. Son ellos, entre varios, el Cañón del Chicamocha con su monumento a los Comuneros; las paredes del Planetario de Bogotá, con su figuración de la naturaleza, y un telón del teatro Los Fundadores de su ciudad natal. Sin olvidar, claro está, la serie de esculturas llamadas Mundos Paralelos, exhibidas en la avenida Santander de Manizales, primero, en la Calle de Cielos Abiertos de Armenia, después, y finalmente, algunas de ellas, en las instalaciones externas de Teatro Azul. Allí quedaron, entre el mural y la escultura, lo que hoy ha permitido reconocer en este artista a un inquieto historiador sin título, pero también a la encarnación de un chamán que quiere, no sólo transformar, sino evolucionar hasta llegar al máximo de su trazo sensible, la creación. Creación, como una explosión. De allí, el título de su obra de Armenia, que por estos días recibe de sus manos los nuevos elementos instigadores de simbolismo. 

Vallejo, con alma de chamán, nos recupera el relato, el mito y la fuerza del rito y la ceremonia. Lo hace con sus pinceladas sobre el mural, como lo logra el oficiante en el interior de la maloca amazónica, cuando crea memoria con su palabra, al amanecer. Vallejo, con el ímpetu de sus trazos, dirige sus fulgores de luz al rostro humanizado del ave, como escena de transmutación. Esto nos recuerda la trama simbólica que se teje alrededor de otras historias de creación. Una de ellas, de origen Embera es, como el mural del artista, una síntesis de su recuento mitológico. Para ello, “el agua, vegetación, animales de selva, río y aire se interfluyen y se transforman unos en otros en un ciclo de intercambios siempre repetido, el de la vida” —Luis Guillermo Vasco, en ‘La selva humanizada’—. 

Trasladado a nuestra interpretación profana, las Almas Unidas, o sea todas nuestras potencialidades humanas, desembocan en intentos de cambio, de asumir actitudes y posturas edificadoras de espíritu. En cada función del Teatro Azul de Armenia, sus mensajes son aquellos llamados a conservar ese propósito. El que un artista, como Vallejo, ha querido compartir con otra ciudad de esta región cafetera que hoy es el centro del turismo mundial. Sólo que Vallejo, o cada uno de estos gestores culturales del Quindío que creen en la fuerza del arte, ven todos los días más lejano su alcance. 

Tal vez solo esta misión del mensaje hecho mural haga posible que, como lo expresó alguna vez el artista Vallejo, “la obra escultórica y otras expresiones del arte público sean fundamentales para desarrollar conciencia en esta sociedad contemporánea tan espesa y carente de sensibilidad y valores”.

Esta es la página oficial del Artista Luis Guillermo Vallejo

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